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domingo, junio 25, 2006

4) Gracias ondina del viento

Gracias ondina del viento, gracias por darme de tu tiempo un momento.
Gracias por ser en distancia mis cinco sentidos y mostrarme la estepa silente, que se viste de novia con tules de nieve.
Gracias por traer a mis ojos el paisaje presente, que se mece en balancines de acero.
Gracias por recordarme el silbido cansino del viento y su bronca cuando se enoja también.
Gracias por mostrarme las calles de antaño, luciendo modernas carpetas de asfalto.
Gracias por llevarme a los campos cubiertos de dura gramínea y por cerros que marcaron tres sueños míos de ayer.
Gracias por cobijarme en tu alero, darme una jarra de agua y animar mi cansancio, en los descansos del viaje virtual.
Te agradezco lo inmenso del tiempo pequeño, que en días de otoño, desde lejos, te vine a quitar.
Gracias por mostrarme lugares que siempre soñé, pero nunca pensé, algún día, volver a encontrar.
Gracias amiga por haber sido la guía y los pasos, que me encaminaron por calles de hoy, en este, mi viaje al polvo, la nieve y al viento que nunca más podré repetir.
Gracias, gracias amiga y... adiós.

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sábado, mayo 20, 2006

3) En un lugar de la frontera

Recuerdo que de niño, hace tiempo, en Patagonia, muchas veces con mi hermano ayudábamos al papá, en su labor cotidiana y en su quehacer por el pan.
El con sus manos tramaba adobes y dibujaba murallas, nosotros con agua y tierra jugábamos haciendo barro, batiendo alegres, con una pala, la mezcla para ligar.
El tiempo se fue, y junto con él el viejo también partió.
Después de cambiar de siglo, en el año dos mil seis, Chile al sur, Curanilahue, piedra de agua o río de piedras, sería la traducción del idioma mapuche, con brisa caliente de enero bajo un sol que quemaba, con un coro de profesores que con voz potente cantaba:“En un lugar de la frontera, donde crece el hualle y el laurel...”
En un cerro verde y agreste de las tierras araucanas, rodeado de altos pinos y cristales de sudoroso carbón. Después de medio siglo de discutir con el tiempo, con rabia agarré una pala y me puse a trabajar.
Me acordé de aquel barro de los tiempos de niñez, a mi memoria llegó mi madre de la mano de mi padre. Mientras los profes cantaban el himno de la Normal.
Ayer con esa pala, tierra, agua y con llanto, en aquel cerro cementerio enterramos un profesor, normalista de Victoria, nacido argentino y chileno de corazón.
Joven de sesenta, aun le faltaba muchos asados, buen mosto y hartos cigarrillos que consumir, pero el corazón implacable dijo que no.
“En un lugar de la frontera donde crece el hualle y el laurel...
con una pala y con rabia, ayer enterré a mi hermano.
20 de enero de 2006


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sábado, mayo 06, 2006

2) Pensando un poco mejor

Pensando un poco mejor y dejando el vino de lado, puede ser que aquellos con quien podía, podría, pude o puedo hablar ya no están, o están lejos, o yo mismo los alejé y no los supe retener, puede ser... si puede ser.
Algunos por que se han muerto, como mi hermano Humberto y mi amigo Hugo.
Otros por que están distantes, el tiempo los alejó.
Compañeros de etapas de la vida que toman otros caminos.
Amigos de circunstancias que se alejan, también por circunstancias.
Novias de juventud, que solo quedan en el recuerdo.
Amantes que me quisieron pero se fueron con otros.
Compañeros de trabajo, con los cuales no trabajé muy bien la amistad.
Esposas que no comprendí, aunque yo digo, que no me comprendieron.
Hijos que abandone. Si realmente abandone.
Hijas que no son hijas y que la vida las aleja, hijas que me quieren y no las supe querer.
Y las voces de Internet no tienen por qué hablar conmigo, aunque son las que tengo más cerca.
O sea con vino o sin vino aunque quiera yo hablar interlocutor no voy a encontrar.
Por lo tanto no me queda otra cosa mas que escribir y eso voy a hacer.

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1) Al vino le gusta hablar

Tomo un sorbo de vino y me dan ganas de hablar, hablar de esto y de lo otro, hablar de ayer y mañana, del partido de fútbol, de la reina de belleza, del político de turno, de Dios, del Diablo, la vida, la muerte o del buen vino y las buenas minas. Hablar de tantas cosas, si hasta ganas de hablar de amor me dan, miro a mi alrededor buscando interlocutor o interlocutora, según lo que quiera tratar, y no hay con quien hablar.
Unos no quieren , no les gusta conversar. Otros quieren conversar y no saben de que hablar. Muchos quieren y saben pero por algo no pueden y se abstienen de decir.
Parece que la mayoría esta por vivir callado o mirar televisión. Otros en vez de hablar andan rompiendo vidrieras y hay otros que por hablar les puede costar caro y por ello prefieren callar. Entonces ¿Dónde estamos? Nadie quiere hablar.
¡Y yo queriendo hablar!, claro que es por el vino, termino esta botella, me voy a dormir y mañana soy otro igual.

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